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martes, 10 de noviembre de 2009

Niki Lauda: "Vivir para contar" (Parte 2)

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La Apuesta de Don Enzo.


"La vida, la mires por donde la mires, entraña unos riesgos que debes aceptar cuando te has propuesto una meta". (Niki Lauda)

Estar en Ferrari significaba para Lauda estar en un mundo distinto al que había conocido dentro de la Fórmula Uno, debido a los recursos con que contaba la escudería italiana, así como también distinta era la manera en que funcionaban las cosas en Ferrari, existía un conducto regular que terminaba en Enzo Ferrari como última palabra, conducto regular que Lauda quebraría cuando aprendió a hablar italiano y se dirigía de manera directa a Don Enzo.

Muy pronto Lauda se encargó de develar lo que para muchos era un misterio, cómo se desempeñaría a bordo de una Ferrari, fue segundo en su debut en Argentina, logró su primera Pole en Sudáfrica y su primer triunfo en España, su cuarta carrera en Ferrari. Regazzoni había sido contratado como piloto número uno, pero al ver que Lauda lograba mejores resultados, lejos de ser un factor de rivalidad para el suizo, opto por el trabajo en equipo, actitud que Lauda siempre valoró por parte de Regazzoni.


John Surtees fue el último piloto en consagrarse Campeón Mundial con Ferrari en 1964. Una década pasó en la que Don Enzo vio fracasar todas sus aspiraciones: problemas técnicos, pilotos difíciles de manejar, la mala suerte de Amon, la muerte de Bandini, cuando ese año auto y piloto parecían estar para pelear el título. Hasta que en 1974 asoma una esperanza, otra vez un auto competitivo, la Ferrari 312 B3 y un piloto decidido, inteligente y profesional como Niki Lauda. El austríaco, apodado por su aspecto físico y su desempeño al volante como "Super Rat", parecía ser la pieza justa para el engranaje de la escudería Ferrari, volvería a ganar en Holanda y obtendría 6 poles consecutivas de 9 en total durante el año. Lauda terminaba cuarto en la clasificación general, aunque el sabor para Ferrai no era del todo dulce, Regazzoni perdía la opción del título ante Fittipaldi luego de una serie de desaciertos en la última carrera.

En 1974 Lauda realizó una campaña más que aceptable en su debut para Ferrari, sólo los continuos abandonos en la última parte del torneo le privaron de poder pelear el título. Para la temporada de 1975 confirmó esa capacidad tras el volante y decididamente se graduó como un piloto intrépido para resolver situaciones difíciles, calculador y muy eficiente. Ya nadie podía sorprenderse de por qué estaba en Ferrrari. Victorias en Mónaco, Bélgica, Suecia, Francia y Estados Unidos le valieron adjudicarse el título con holgura por sobre Fittipaldi. El primer título para la casa de Maranello desde el obtenido por John Surtees en el lejano 1964.

La Ferrari 312T se había mostrado como un auto muy superior al resto de sus oponentes, su heredero el 312T2 en las manos de Lauda parecía ser otra vez un escollo difícil de evadir en la temporada de 1976, todo esto se reafirmaba cuando desde el inicio del año Lauda tenía un comienzo avasallador, triunfos consecutivos en Brasil, Sudáfrica y Long Beach. En España terminaba segundo y volvía a ganar en Bélgica y Mónaco. Niki se aproximaba a pasos agigantados a un segundo título que nadie podía parecer arrebatarle, más aún luego de su triunfo en Gran Bretaña, donde quedó aventajando por el doble de puntaje al segundo en la tabla del campeonato, Jody Scheckter.


Pero si ninguno de sus rivales podía pararlo sobre la pista, si lo frenó un terrible accidente en el Gran Premio de Alemania, que lo tuvo cercano a la muerte, pero Lauda también triunfaría en aquella carrera y volvería desafiando cualquier pronóstico médico.

A su regreso en el GP de Italia seguía siendo líder del campeonato, seguido ahora de James Hunt, quien descontó la ventaja del hombre de Ferrari merced a dos triunfos en Canadá y Watkins Glen. Sin embargo, Lauda debía encarar otra prueba antes de concluir la temporada, llegó a Japón, última carrera del año, con tres puntos de ventaja sobre el británico Hunt. Y sólo uno de ellos se coronaría campeón absoluto.

El día de la carrera, la lluvia y la niebla cubrían la pista al pie del Fujiyama. La salida se demoró, los pilotos discutieron si debían o no correr. Por fin ante 55.000 espectadores que exigían a gritos la carrera, los competidores ocuparon su posición en el pavimento mojado. Lauda partió en la segunda fila y, tras dar la primera vuelta entre las cegadoras salpicaduras de los de adelante, abandonó la competencia. Había reflexionado fría y prudentemente: las posibilidades eran exiguas y el peligro excesivo, así que se retiró.

Como era de esperarse, muchos aseguraron que el accidente de Nürburgring lo había destrozado. James Hunt, quien ganó el campeonato, juzgó que Niki había demostrado gran valentía al retirarse. "Se le puede ganar un día de mucha suerte", comentó. "Anularlo es inconcebible. Volverá." Finalmente perdió el título a manos del propio Hunt por sólo un punto, pero el austriaco estaba lejos de haberse rendido.

"En nuestra profesión ese término no existe. Nosotros nos movemos condicionados por la tensión y la responsabilidad que la competición genera en el ánimo de los pilotos. Si tuviéramos miedo, en el sentido vulgar de la palabra, estaríamos perdidos." (Niki Lauda)




W. Araya C.

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